... Y como os gustaron los
consejitos del libro gordo de Petete de la feria, sigo con ellos. El sombrero de los
hombres. No es sombrero cordobés, es sombrero de ala ancha, y por favor, no os lo vayáis
a poner como no sea de amazonas, y a caballo. El sombrero de ala ancha no forma parte del
uniforme de infantería de feria de las señoras. Y mucho menos os vayáis a comprar en un
puestecillo uno rojo y de cartón y vayáis a ir por la feria con él y unos clavelones de
plástico en el ala, que eso es el modelo Inserso de la feria.
No id a la
feria demasiado temprano. La duquesa de Alba, que le gusta ir a las 2 de la tarde, como
antiguamente, cuando llega se encuentra nada más que a los regadores y a los que reparten
la cocacola. A la feria cada vez se va más tarde. Para que os entendáis, la mañana de
la feria es la tarde del reloj y la noche de la feria es la madrugada. Podéis bailar
sevillanas al rebujón, aunque no sepáis, nadie os va a corregir y hasta os van a
agradecer la voluntad. Pero, por favor, no hagáis como algunas señoras, que a hacer el
ridículo de la forma más espantosa con unas copitas encima le llaman bailar una rumbita
flamenca. En cuanto al vino, el único peligro es la rebujina: que si empezáis con fino,
sigáis con fino, y si con manzanilla, sigáis con manzanilla. Advertiréis que como
sabemos beber, en la feria no hay borracheras de ésas de la gente durmiendo la mona por
los parques. Aquí sólo hay papas simpáticas, y medios vinitos muy alegres. Siempre lo
digo: Sevilla es un espectáculo de saber beber. En Río, cuando el Carnaval, hay miles de
muertos y aquí, todo lo más, una bronca de pareja cuando con la manzanilla chico mira a
chica más de la cuenta y chico de plantilla se mosquea...
Antonio Burgos
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